Calidad del aire interior

La calidad del aire interior es tan importante como la exterior, especialmente en edificios donde la ventilación inadecuada puede aumentar los niveles de contaminantes peligrosos para la salud

Según la OMS, las personas permanecen entre un 80 – 90 % del tiempo en el interior de espacios cerrados. Si no hay una ventilación adecuada, se produce una degradación del ambiente interior que conlleva a que la calidad del aire llegue a ser del orden de 2 a 5 veces peor que en el exterior, según la EPA (EE.UU.). Esto puede propiciar problemas de salud, generación de condiciones de alta transmisión de enfermedades respiratorias, así como pérdida de rendimiento cognitivo, disminuyendo la capacidad de realizar tareas que requieran pensamiento o concentración [1]. Distintos estudios [2] demuestran que, mejores tasas de ventilación aumentan el rendimiento en el lugar de trabajo y pueden reducir el absentismo hasta en un 35 % [3].

La relación entre las fuentes de contaminantes, los contaminantes y los efectos en la salud, se muestra en la siguiente figura [4]:

Algunos de los principales parámetros de la calidad del aire interior son los siguientes:

El dióxido de carbono (CO2) es un gas inodoro, incoloro e insípido, cuya concentración en el exterior se sitúa en torno a 420 ppm. Es exhalado durante la respiración por lo que, en ausencia de otras fuentes, es posible determinar el porcentaje de aire previamente respirado de un recinto en función del nivel de CO2 (RFA, rebreathed fraction of air). Además, es posible utilizar su nivel relativo con respecto al exterior como un indicador indirecto de la ventilación y para estimar el riesgo potencial de transmisión de enfermedades aéreas [1], en espacios en los que la principal fuente de contaminación son los ocupantes. En este sentido, se publicó en enero de 2024 la norma UNE 171380:2024, sobre la medición en continuo de CO2 en interiores para la prevención en salud y mejora del bienestar.

Por otra parte, para las concentraciones de dióxido de carbono relevantes en edificios (< 5.000 ppm), se ha encontrado una correlación entre el valor absoluto de CO2 y la aparición de síntomas tales como dolor de cabeza, fatiga o dolor de garganta [5].

La NTP 549 “El dióxido de carbono en la evaluación de la calidad del aire interior”, recomienda no superar los 1000 ppm de CO2 [6] . El RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios) presenta distintas c ategorías de calidad del aire interior (IDA), en función del uso de los edificios y establece los niveles de CO2 en función de la calidad de aire interior: IDA 1 (ocupantes sensibles): 770 ppm; IDA 2 (ocupación permanente): 920 ppm; e IDA 3 (ocupación temporal): 1.220 ppm (valores anteriores tomando como referencia un nivel de CO2 exterior de 420 ppm).

La materia particulada (PM) se define como el conjunto de partículas sólidas o líquidas (salvo el agua pura) presentes en suspensión en el aire [7]. Son una mezcla compleja de sustancias que presentan un tamaño variable entre 0,005 y 100 μm y no pueden detectarse a simple vista.

La normativa y los métodos de muestreo de PM clasifican las partículas en función de su diámetro aerodinámico:

  • Partículas gruesas, cuyo diámetro aerodinámico es mayor a 10 μm (PM10)
  • Partículas finas (PM1, PM2,5 o PM10) que comprenden a las partículas con diámetro aerodinámico menor a 1, 2,5 y 10 μm, respectivamente.

Las partículas más pequeñas tienen una mayor capacidad para permanecer suspendidas en el aire, lo que aumenta la probabilidad de ser inhaladas. Además, su peligrosidad se incrementa debido a que pueden penetrar más fácilmente en las vías respiratorias, lo que puede ocasionar problemas pulmonares, daño en el sistema cardiovascular o disfunciones en los sistemas reproductivos y nervioso central. Adicionalmente, las partículas proporcionan superficies a las que los aerosoles (virus, bacterias, hongos, etc.) pueden adherirse, facilitando la transmisión de enfermedades respiratorias [1]. La OMS recomienda no superar los siguientes valores: 15 μg/m3 en 24h (PM2.5) y 45 μg/m3 en 24h (PM10). El método más eficaz para retener en un espacio interior la PM y reducir su concentración en el aire interior es la filtración [8].

Los compuestos orgánicos volátiles (VOC) son compuestos químicos orgánicos que se encuentran en estado gaseoso a temperatura ambiente o son muy volátiles a dicha temperatura. Se puede considerar como VOC aquel compuesto orgánico que a 20° C tenga una presión de vapor de 0,01 kPa o más, o una volatilidad equivalente en las condiciones particulares de uso y un punto de ebullición entre 50 y 260 °C. Pueden tener efectos adversos sobre la salud humana, dado que algunos de ellos son tóxicos o cancerígenos y pueden ser absorbidos por el organismo fácilmente por inhalación [1]. Las familias de VOC más destacadas son los hidrocarburos aromáticos como el benceno o el tolueno, así como los aldehídos, destacando el formaldehído por su alta prevalencia en los ambientes interiores. El origen de estos compuestos en el interior de los edificios viene dado tanto por las actividades de los ocupantes por el uso de productos de limpieza, ambientadores, perfumes, etc., así como por materiales de construcción o de decoración: productos de madera con resinas, adhesivos, pinturas, barnices, mobiliario, etc.[1]. Se considera que una concentración total de compuestos orgánicos volátiles es normal cuando está por debajo de 360 μg/ m³ , mientras que niveles por encima de 1572 μg/m³ requieren atención.

Otro contaminante interior es el ozono [9] , que se genera normalmente en exteriores como consecuencia de reacciones químicas en presencia de VOCs y NOx y de radiación solar, y entra a los espacios interiores junto con el aire ventilado. Los aparatos eléctricos como fotocopiadoras o dispositivos desinfectantes también son otra fuente de ozono.

El radón es otro contaminante que afecta la calidad del aire interior. Se origina en el suelo y se infiltra en los edificios a través de materiales porosos, grietas y otras aberturas, especialmente en las zonas de mayor riesgo como la sierra de Madrid, Segovia, Ávila, Cáceres, Salamanca y gran parte de Galicia. Es la segunda causa principal de cáncer de pulmón después del tabaquismo.

La siguiente tabla resume los contaminantes, fuentes y niveles recomendados.

Es importante la implementación de un sistema de monitorización continua de calidad del aire interior, ya que permite:

  1. Optimizar el uso de los sistemas HVAC. Al integrar la monitorización de calidad de aire con los sistemas de gestión de edificios existentes, es posible actuar sobre los sistemas de ventilación mecánica, incrementando o disminuyendo el caudal de renovación de aire según las necesidades de ventilación en cada momento.
  2. Conocer los niveles de los parámetros más representativos en tiempo real e identificar patrones y tendencias.
  3. Detectar niveles elevados de contaminantes e implementar medidas para mitigar estos riesgos, garantizando la salud de los ocupantes y el cumplimiento de las recomendaciones y normativas.
  4. Mejorar el confort, el bienestar y la productividad de los usuarios.
  5. Obtener puntos en sellos y certificaciones de sostenibilidad de edificios como WELL, LEED o BREEAM, que evalúan la eficiencia energética, el uso de agua responsable, materiales sostenibles
    y calidad ambiental interior.
  6. Aportar seguridad a los ocupantes (por ejemplo, con información en pantallas)

La monitorización en continuo de calidad de aire interior es esencial para promover entornos seguros y confortables, sin embargo, sigue siendo subestimada en muchos contextos. Pero no solo hay que monitorizar, hay que actuar, con decisiones basadas en datos. Las mejores medidas para combatir la contaminación interior se resumen en:

  • Intentar aminorar las fuentes de emisión (productos de limpieza, ambientadores, emisiones de mobiliario y productos de construcción …)
  • Ventilación mecánica de doble flujo con recuperación de calor y filtrado. El caudal de ventilación debe ser variable y aumentar o disminuir según los valores indicados por los medidores de calidad de aire.

[1] M.Á. Campano, J. Fernández-Agüera, J.J. Sendra, Calidad del aire interior en los edificios para el bienestar: estrategias de aplicación práctica, Octaedro, 2023.

[2] Ventilation Rates and Absences in Offices and Schools | Indoor Air, (n.d.).

[3] D.K. MILTON, P.M. GLENCROSS, M.D. WALTERS, Risk of Sick Leave Associated with Outdoor Air Supply Rate, Humidification, and Occupant Complaints, Indoor Air 10 (2000) 212–221.

[4] E. Clúster, EDIFICIOS Y SALUD, (n.d.)

[5] P. Wargocki, D.P. Wyon, J. Sundell, G. Clausen, P.O. Fanger, The Effects of Outdoor Air Supply Rate in an Office on Perceived Air Quality, Sick Building Syndrome (SBS) Symptoms and Productivity, Indoor Air 10 (2000) 222–236. .

[6] M. José Berenguer Subils Licenciada en Ciencias Químicas Félix Bernal Domínguez, NTP 549: El dióxido de carbono en la evaluación de la calidad del aire interior., (n.d.).

[7] R. Jaenicke, Ernö Mészáros: Fundamentals of Atmospheric Aerosol Chemistry, (n.d.).

[8] R. Bascom, T.K. Fitzgerald, J. Kesavanathan, D.L. Swift, A Portable Air Cleaner Partially Reduces the Upper Respiratory Response to Sidestream Tobacco Smoke, Appl Occup Environ Hyg 11 (1996) 553–559.

[9] Ozono, (n.d.).