En el contexto del desarrollo urbano sostenible, la calidad del aire en las ciudades es un factor crítico que afecta no solo la salud y el bienestar de la población urbana, sino que tiene profundas implicaciones medioambientales, económicas y sociales. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada por todos los Estados miembros de las Naciones Unidas en 2015, reconoce este desafío y lo integra dentro de sus objetivos globales, expuesto en los distintos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de manera especial ODS 11, que busca “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”, por lo que los desarrollos y acciones en las ciudades tendrán un gran efecto en la consecución de estos objetivos.

La Agenda 2030 establece, por tanto, un marco de acción que llama a los gobiernos nacionales y locales a implementar políticas públicas y estrategias que mejoren la calidad del aire en las ciudades. Esto incluye la promoción de energías renovables, la mejora de la eficiencia energética, el desarrollo de sistemas de transporte sostenibles, y la creación de espacios verdes que ayuden a mitigar los efectos de la contaminación.
España, como parte de su compromiso con la Agenda 2030, ha desarrollado una serie de iniciativas orientadas a la mejora de la calidad del aire, alineadas con los ODS. Entre estas se incluyen la implementación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que busca reducir las emisiones de gases contaminantes, y el fomento de la movilidad eléctrica y el transporte público eficiente.
A lo largo del trabajo desarrollado en esta Guía, se han identificado aquellos ODS que tienen mayor relevancia en relación con las soluciones propuestas para el diagnóstico, monitorización o mitigación de la contaminación atmosférica.
El ODS más relevante en el caso de las ciudades es el ODS 11 “Ciudades y comunidades sostenibles”, dirigido a lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. Este Objetivo se centra en el hecho de que se espera un fuerte crecimiento descontrolado de las ciudades derivado del aumento de la población en los próximos años que tendrá como consecuencia un aumento de la urbanización, el desarrollo de la vivienda, las infraestructuras y la necesidad de servicios para los que muchas ciudades no están preparadas. Planificar este crecimiento de manera adecuada y apostando por la sostenibilidad, permitirá construir y evolucionar ciudades en las que todos los ciudadanos tengan una calidad de vida digna y formen parte de la dinámica productiva de la ciudad, lo que genera prosperidad compartida y estabilidad social sin dañar el medio ambiente. Este ODS, además, incluye de manera específica la meta 11.6 “De aquí a 2030, reducir el impacto ambiental negativo per cápita de las ciudades, incluso prestando especial atención a la calidad del aire y la gestión de los desechos municipales y de otro tipo”, donde se realiza una mención especial a la calidad del aire.
Dado el impacto que la calidad del aire tiene en el bienestar y la salud de los ciudadanos y el medio ambiente, otro ODS de gran relevancia en este sentido es el ODS 3 “Salud y bienestar”, que implica un compromiso para poner fin a distintas epidemias de enfermedades transmisibles para 2030, lograr una cobertura sanitaria universal y proporcionar acceso a medicamentos y vacunas seguros y asequibles para todos. El impacto de la calidad del aire en la salud de las personas es evidente, como se manifiesta en la meta 3.9. “Para 2030, reducir sustancialmente el número de muertes y enfermedades producidas por productos químicos peligrosos y la contaminación del aire, el agua y el suelo».
Otro factor inherente a la calidad del aire es su impacto en el medio ambiente y el cambio climático. Por este motivo cabe destacar la relación entre el trabajo realizado en esta Guía y el ODS 13 “Acción por el clima”, en el que se destaca que con el aumento de los gases de efecto invernadero, el cambio climático evoluciona a un ritmo mucho más rápido de lo previsto. Para limitar el calentamiento global a 1,5° por encima de los niveles preindustriales, las emisiones ya deberían estar disminuyendo y necesitan reducirse casi a la mitad para 2030. Sin embargo, estamos muy lejos de lograr ese objetivo. El papel de las ciudades y el entorno urbanizado en estas emisiones es importante, con lo que trabajar en la mejora de la calidad del aire de las ciudades es fundamental para contribuir a la consecución de este objetivo.
Existen además otros ODS a los que la presente Guía contribuye. Por un lado, el ODS 17 “Alianzas para lograr los objetivos” hace un llamamiento a la colaboración entre gobiernos, sector privado y sociedad civil para trabajar de manera coordinada en la consecución del resto de objetivos. La mejora de la calidad del aire debe ser una acción consciente de toda la sociedad para que cada uno, desde su perspectiva y posibilidades, encuentre la manera de contribuir de forma efectiva.
Por otra parte, dado el impacto que las infraestructuras y la industria tienen en la calidad del aire, tanto en el momento de su construcción como durante su fase de uso, el diseño de éstas teniendo en cuenta su impacto a lo largo de toda su vida contribuirá tanto al ODS 9 “Industria, innovación e infraestructuras” como a la mejora de la contaminación del aire. Por último, cabe destacar también el impacto de las ciudades y la calidad del aire en los ecosistemas terrestres. El ODS 15 “Vida de ecosistemas terrestres” persigue proteger y restablecer los ecosistemas terrestres, gestionar de manera sostenible los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de la biodiversidad, elementos estrechamente relacionados con el cambio climático y la calidad del aire.
Las ciudades son, por tanto, actores clave en la lucha por mejorar la calidad del aire. Como gran parte de la población mundial reside en áreas urbanas, porcentaje que continúa en aumento, las soluciones efectivas para mejorar la calidad del aire deben localizarse y adaptarse a las realidades específicas de cada ciudad. Esto implica la participación de las administraciones locales en la planificación y ejecución de políticas ambientales, así como la colaboración con el sector privado y la sociedad civil para promover prácticas y tecnologías sostenibles.
Asimismo, la implementación de tecnologías inteligentes y la recopilación de datos en tiempo real sobre la calidad del aire son herramientas fundamentales que las ciudades deben aprovechar para gestionar mejor los problemas de contaminación y diseñar políticas más efectivas.
Mejorar la calidad del aire en las ciudades no supone sólo cumplir con normativas ambientales, sino que también garantiza el derecho de los ciudadanos a un ambiente saludable. El éxito en la implementación de estas políticas contribuirá no solo a la consecución de los distintos ODS, sino también a la mejora general de la calidad de vida en nuestras ciudades y al bienestar y prosperidad económica en los países que logren lidiar con estos nuevos retos para sus propios motores de crecimiento, sus ciudades.