Para evaluar la calidad del aire de las ciudades se utilizan técnicas de medida, de referencia o alternativas, para complementar espacialmente la información de las estaciones y métodos que nos ayuden a comprobar la efectividad de las medidas y planes estratégicos abordados desde el punto de vista de la movilidad, el plano urbanístico o los nuevos modelos energéticos. Todo ello para adoptar nuevos mecanismos de resiliencia urbana y mejorar la calidad del aire que respiramos.
Habitualmente, el uso de modelos numéricos de mesoescala nos proveen de esta información complementaria a una escala urbana con una resolución aproximada de 1 km2. No obstante, los elevados obstáculos en el ambiente urbano, como la geometría de los edificios, las zonas verdes con arbolado, etc. producen una mayor complejidad de los procesos atmosféricos, generando unas distribuciones de los flujos de viento heterogéneos. Por otro lado, las diversas situaciones en el tráfico de la ciudad redundan en patrones en ocasiones erráticos, que producen situaciones de emisión de contaminantes difícilmente predecibles.
Es por ello que el uso de modelos dinámicos de flujos de tráfico y modelos de flujos a microescala de contaminantes se convierten en herramientas imprescindibles para resolver, reproducir y predecir la dispersión de contaminantes en ambientes urbanos.
En este sentido, los modelos de mecánica de fluidos (CFD, por su acrónimo en inglés) y modelos de Street Canyon, se postulan como las herramientas más avanzadas, en el estado del arte actual, capaces de reproducir en detalle la dispersión de contaminantes en zonas urbanas.
Igualmente, los modelos CHIMERE y MUNICH permiten modelizar la dispersión de contaminantes en entornos urbanos y su predicción, teniendo en cuenta el contexto urbano de cada ubicación (infraestructura urbana, edificios, zonas verdes, etc.), y PTV para análisis de tráfico y movilidad.
Se deberá disponer de datos permanentemente actualizados de la calidad del aire en todo el territorio (mapas de dispersión) e identificar las áreas del municipio con sus niveles de contaminación actuales y previstos, el grado de cumplimiento de los objetivos de calidad del aire y de los valores límite del Real Decreto 102/2011 y sus posteriores modificaciones, así como de los niveles establecidos por la OMS, identificando los principales causantes de los episodios que se generan en la ciudad (contribución de las fuentes), para la puesta en marcha de las medidas de mitigación correspondientes.