Impacto de la planificación y diseño urbanos y de la construcción en la calidad del aire exterior

El urbanismo debe orientarse hacia un modelo de ciudad que garantice como parámetro fundamental la calidad del aire en el área urbana y su entorno territorial

Las ciudades son los sistemas más complejos que ha creado la especie humana. La búsqueda de una “mejor ciudad” implica la adecuada planificación de las interacciones entre las partes de este sistema, así como de la proporción con la que aparecen. La calidad de vida en una ciudad se mide por diversos factores, entre los que uno de los más importantes es la calidad del aire. Por consiguiente, la planificación urbanística debe orientarse hacia un modelo de ciudad que garantice, como parámetro fundamental, la calidad del aire en el área urbana y su entorno territorial.

El urbanismo, tanto en su vertiente de planeamiento como en la de diseño de espacios públicos urbanos, debe apoyarse en un enfoque de Ciudad Inteligente para mejorar la calidad del aire. Este enfoque se basa en el urbanismo ecológico (sostenibilidad) y en la aplicación de la innovación y el uso de datos (tecnología).

En el proceso de la planificación urbana debe tenerse en cuenta el impacto de la Infraestructura Verde Urbana (IVU), concepto que traslada al medio urbano la definición de infraestructura verde, según la Estrategia Nacional de la Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauración Ecológicas (ENIVCRE), y comprende todas las redes naturales, seminaturales y artificiales de múltiples sistemas ecológicos multifuncionales, tanto en el interior de la ciudad como en el periurbano. Esta infraestructura debe diseñarse y gestionarse adecuadamente para proporcionar los mayores servicios ecosistémicos posibles.

Uno de los principales beneficios que aporta la infraestructura verde a las ciudades es su contribución a la mejora de la calidad del aire. El propio diseño de los elementos que conforman esta infraestructura verde (bosques urbanos, parques, jardines, plazas, alineaciones viarias, árboles en aparcamientos, rotondas y árboles aislados), así como los rasgos funcionales de las especies vegetales (superficie foliar, carácter perenne o caduco, presencia de ceras, tricomas o cutículas foliares, densidad estomática, etc.) pueden contribuir a la reducción de contaminantes atmosféricos particulados y gaseosos. Estos elementos de IVU son fuentes emisoras de contaminantes biológicos, principalmente alérgenos (alérgenos de esporas de hongos, de polen y de otros restos vegetales), que a la vez influirán en la calidad del aire y la salud de la población.

El efecto que el propio diseño de la infraestructura verde tiene sobre la dispersión de contaminantes en determinadas zonas, el tratamiento inadecuado de la vegetación y, sobre todo, la no consideración de la alergenicidad intrínseca a las especies formadoras de IVU han generado la necesidad de realizar nuevas actuaciones de re-diseño, planificación y construcción de zonas verdes activas en la provisión de servicios ecosistémicos.

Por otra parte, el 39 % de las emisiones de gases de efecto invernadero son causadas por la edificación. Esa es la suma de un 11 % de emisiones embebidas y en fase de construcción y un 28 % en fase de operación o vida útil del edificio. Esos datos dan una idea de la importancia de las medidas sobre la edificación para conseguir una buena calidad del aire en nuestras ciudades. Por lo tanto, el impacto total que tiene la construcción en el medio ambiente no es despreciable.

En el caso de la nueva edificación y rehabilitaciones, será importante considerar el impacto de los materiales y tipologías elegidas y la capacidad de estos materiales elegidos para permitir un confort térmico con el menor gasto energético posible en la vida del edificio. Para ello, varios de los servicios ofrecidos en este capítulo se centrarán en la energía embebida del edificio, donde se promuevan soluciones menos intensas energéticamente y más cercanas al lugar de obra. Otros servicios estarán enfocados en el resto de vida útil del edificio, donde si consideramos una vida de 50 años, acaba siendo un coste energético todavía mayor.

Esta selección inteligente de los materiales de construcción, junto con un diseño bioclimático de las edificaciones, permitirán reducir el impacto total de las edificaciones. A esto se suma la integración de nuevas tecnologías, se podrá seguir activamente el estado, mantenimiento y operación de los edificios, y reducir su consumo energético total dependiendo de las condiciones exteriores y de la ocupación interior del edificio, según la hora del día o la huella de carbono de la energía en cada momento.